
Pierre Schaeffer
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escrituras acerca de la música. Pensamientos que se van pautando desde y hacia mis composiciones. Otra manera de hacer música.





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"En relación con las capacidades de la expresión cultural, es posible hacer una diferenciación entre cinco pasos/saltos/épocas en la historia cultural:
4 D-> orientación espacial/temporal en el mundo real de cosas/objetos en movimiento
3 D-> arquitectura, escultura, monumentos, artefactos
2 D-> imagen ( Bild)
+ clásica, pictórica (imaginativa)
+ imagen técnica (teórica, conceptual)
1 D-> texto lineal, escritura con el código alfanumérico
0 D-> la dimensión-cero, números puros, algoritmos.
Flusser conceptualizaba este desarrollo antropológico en una doble vertiente. Lo veía sincrónicamente, pues consideraba que todas esas dimensiones coexisten en la historia con distintas distribuciones de poder y eficacia. Y edificó su antropología diacrónicamente, como un proceso de reducción, desde la percepción de la complejidad de la realidad en cuatro dimensiones, hasta la dimensión-cero del código binario. Pero en cada paso de su evolución, el ser humano no solo perdió algo. Cada paso también significa nuevas capacidades y cualidades. Esto resulta particularmente cierto en cuanto a la dimensión-cero, en la que hace una clara diferenciación entre los conceptos apocalípticos, para los que el cero es un punto teleológico en fuga. Para Flusser, esta dimensión-cero es un pasaje a través del cual se edifica una relación o una actitud hacia el mundo, y en el que se produce un cambio importante de los paradigmas: de la subjetividad se pasa a la proyectividad. " (Vilém Flusser - Seminario sobre arte)
¿Qué me puede importar el mejor virtuoso en relación con la disposición de mi espíritu? Mi espíritu que hoy por la tarde fue traspasado de uno a otro extremo por una melodía mal
tarareada por alguien, y que ahora en la noche rechaza con repugnancia la música servida por un maitre de frac, en bandeja dorada, con albondiguillas. No siempre la comida se come con mayor placer en los restaurantes de primera categoría. Además el arte me habla casi siempre con más elocuencia cuando se manifiesta de modo imperfecto, casual y fragmentario, como si sólo me señalara su presencia permitiéndome intuirlo tras la torpeza de una interpretación. Prefiero a Chopin cuando me llega en la calle desde lo alto de una ventana al Chopin perfectamente ornamentado de una sala de conciertos.
El pianista alemán galopaba con el acompañamiento de la orquesta. Arrullado por los tonos yo vagaba en una especie de ensueños, recuerdos... y en un asunto que debo arreglar mañana: mi perrito Bumfila, un pequeño foxterrier... Mientras tanto el concierto tenía lugar, el pianista galopaba. ¿Era un pianista o un caballo? Hubiese jurado que no se trataba en absoluto de Mozart, sino de adivinar si aquel brioso corcel
iba a ganarles la delantera a Horowitz o Rubinstein. El público presente estaba absorto en la pregunta: ¿de qué clase de virtuoso se trataba? ¿Estaban sus pianos a la medida de Arrau y sus fortes a la altura de Gulda? Soñaba estar en un match de boxeo y veía cómo le daba un golpe de gancho a Brailowski, cómo machacaba con octavas a Gieseking, cómo con un trino dejaba knock-out a Solomon. ¿Pianista, caballo, boxeador? De repente me pareció un boxeador montado sobre Mozart, cabalgando a Mozart, pegándole, golpeándolo y acicateándolo con las espuelas mientras tamborileaba. ¿Qué pasa?
¡Llegó a la meta! ¡Aplausos, aplausos, aplausos! El Jockey bajó del caballo y saludó, enjugándose la frente con un pañuelo.
La condesa en cuyo palco me encontraba suspiró: "¡Precioso, precioso, precioso ... !".
Su marido el conde replicó: "Yo de esto no entiendo nada, pero tengo la impresión de que la orquesta no logró estar a su altura ... ".
Los miré como a perros. ¡Qué irritación cuando la aristocracia no sabe comportarse! ¡Se les exige tan poco y ni siquiera a eso llegan! Esas personas deberían saber que la música es sólo un pretexto para que se reúna la sociedad de la que forman parte, con sus buenos modales y manicuras. Pero en vez de permanecer en su sitio, en su mundo social-aristocrático, quieren tomar en serio el arte, se sienten en la obligación de brindarle un medroso homenaje, y, fuera de su condado descienden al nivel del estudiantado. Puedo tolerar algunos lugares comunes puramente formales, expresados con
el cinismo de la gente que conoce el valor de un cumplido ... pero ellos se esfuerzan en ser sinceros... ¡los pobres!
Después pasamos al foyer. Mi ojos se posaron en la excelsa multitud que giraba distribuyendo saludos. ¿Ves al millonario X? ¡Mira, mira, allá está el general con el embajador! Y más allá el presidente inciensa al ministro, quien dirige una sonrisa a la esposa del profesor. Creí, pues, encontrarme en medio de los protagonistas de Proust, quienes iban al concierto no a escucharlo sino a realzarlo con su presencia, cuando
las damas se metían a Wagner en los cabellos con una hebilla de brillantes, cuando las notas de Bach significaban un desfile de nombres, dignidades, títulos, dinero y poder. ¿Pero esto? Cuando me acerco a ellos sobreviene el ocaso de los dioses, desaparecidas la grandeza y el poder.. los oí cambiar impresiones sobre el concierto... impresiones tímidas, humildes, llenas de respeto hacia la música y a la vez peores de las que
podría emitir cualquier aficionado de galería. ¿Hasta a esto se han rebajado? Me pareció que no eran presidentes sino alumnos del quinto año de la escuela secundaria y, como siempre que vuelvo a esos años escolares, sentí un profundo desagrado;
preferí alejarme de esa tímida juventud.
En la soledad del palco, yo, moderno, yo, desprovisto de prejuicios, yo, enemigo de los salones, yo, a quien el látigo de la derrota no ha extraído de la mente nada de su pretensión y altanería, meditaba en que el mundo donde el hombre se adora a sí mismo por medio de la música me convence más que el mundo donde el hombre adora la música.
Después tuvo lugar la segunda parte del concierto. El pianista volvió a montarse sobre Brahms y a galopar. Nadie en realidad sabía qué estaba tocando, porque la perfección del pianista no dejaba concentrarse en Brahms y la perfección de Brahms desviaba la atención del pianista. Llegó el desenlace. Aplausos. Aplausos de los conocedores. Aplausos de los aficionados. Aplausos de los ignorantes. Aplausos del rebaño. Aplausos provocados por los aplausos. Aplausos que crecían por sí mismos, se acumulaban, se excitaban, se reclamaban ... y ya nadie podía dejar de aplaudir porque todos aplaudían.
Fuimos a los camerinos a rendir homenaje al artista.
El artista estrechaba manos, cambiaba amabilidades, recibía elogios e invitaciones con la sonrisa pálida de un cometa ambulante. Lo contemplé a él y a su grandeza. Parecía ser muy agradable, sí, sensible, inteligente, culto... ¿pero su grandeza? Llevaba esa grandeza sobre los hombros como un frac, y ¿no le había sido en realidad cortada por un sastre? A la vista de tantos solícitos homenajes puede parecer que no hay mayor diferencia entre esta fama y la fama de Debussy o Ravel, su nombre estaba también en todas la bocas, él también era "artista" como ellos... y sin embargo ... y sin embargo
¿eran su fama como la de Beethoven o más bien como la de las hojas de afeitar Gillette o las plumas Watermans?
¡Qué diferencia entre la fama por la que se paga y la fama con la que se gana!
Era demasiado débil para oponerse al mecanismo que lo exaltaba, no había que esperar ninguna resistencia de su parte. Al contrario. Danzaba al son que le tocaban y tocaba para hacer danzar a su derredor.
[Witold Gombrowicz - Diario Argentino]

El hombre al fin sabe que está solo en la inmensidad indiferente del Universo en donde ha emergido por azar. Igual que su destino, su deber no está escrito en ninguna parte. A él le toca escoger entre el Reino y las tinieblas.
[Jacques Monod, El azar y la necesidad.]
"La tarea del compositor consiste en crear un contexto en el que pueda mostrarse intacto [el sonido], intacto pero bajo un nuevo aspecto. Y ello implica no simplemente "hacer", sino más bien evitar y, desde luego, "resistir". Para mí, la música que pretenda rehuir este conflicto creativo caerá tarde o temprano en la banalidad y la afectación, ya sea originariamente su carácter exótico o expresionista."
[Helmut Lachenmann en Entrevista con Peter Szendy]